3 ago. 2012

La Carrera del Darro de Granada, la calle más bonita del mundo (o casi).

De paseo por la calle más bonita del mundo (o casi)

Por: Paco Nadal


En el mundo hay avenidas monumentales hechas para impresionar o para albergar un desfile militar. Calles que parecen un catálogo de historia del arte. Vías a las que asoman palacios y mansiones, cuidados jardines, tiendas de lujo o lo mejor de la arquitectura de vanguardia.

Y luego está la Carrera del Darro.

La Carrera del Darro es la calle más bonita de Granada, una de las más hermosas que he visto y gozado en mi vida.

Es el cordón umbilical que une la ciudad vieja y la nueva, el embudo de piedra que a modo de estrechez de un reloj de arena separa los tiempos dispares que se viven a uno y otro lado. En un extremo, las calles moriscas, retorcidas y encaladas del Albayzín y el Sacromonte; el tiempo pausado, la huella de Al-Andalus. En el otro, la Granada renacentista y barroca; la llanura cristiana. Un capricho de la geografía quiso que para ir de uno a otro de estos mundos solo exista esta calle; o esto, o dar un rodeo de cuatro kilómetros.

La Carrera remonta serpenteante el pequeño río Darro, que separa las colinas de la Alhambra y del Albayzín. Desde la plaza Nueva hasta el paseo de Los Tristes no existe una sola mancha que rompa su embrujo intimista. Caminas por su suelo empedrado casi con reverencia, como si te hubieras colado sin permiso en las páginas de la historia, con el pretil del río a un lado y las fachadas de palacios barrocos y renacentistas al otro.

En uno de ellos se conservan los baños árabes más antiguos de España, donde el sol del mediodía forma bosques de luz al colarse por los vanos estrellados de sus bóvedas. Hay pequeños puentes arqueados sobre el río desde los tiempos de los Reyes Católicos, casas sencillas con balcones de forja y fachadas de revoco que escalan las laderas del barrio de la Churra, a la sombra de la Alhambra, e iglesias mudéjares que por mucho que lo intenten no pueden disimular un pasado como mezquitas.

Un poco más allá aparecen los restos de la Puerta del Cadí, acceso de la vieja medina nazarita. En otro rincón, las monjas del convento de San Bernardo venden rosquitos de anís y vino dulce de pasas a través del torno. Del Albayzín bajan callejones de estrecheces morunas y nombre enamoradizos como la calle del Gloria, el callejón del Candil o el del Horno del Oro.

Y siempre, la torres de la Alhambra, con sus serenos perfiles simétricos, vigilantes allá arriba en el cerro.

No hay calle en el mundo con una escenografía tan redonda. La Carrera del Darro es el gran espectáculo urbano de Granada.

Si además paseas por ella en el crepúsculo, cuando la luz anaranjada de las farolas hace más hechizantes los perfiles del río, de los puentes y de los palacios y las lucecitas blancas del Albayzín menudean sobre el lienzo turquesa del ocaso adquieres la certeza de que podría ser (casi) la calle más bonita del mundo.

PD: la Carrera del Darro ha sido peatonalizada hace poco y solo pueden pasar vehículos públicos o de reparto a determinadas horas y con muchas restricciones. Con esta medida la calle ha ganado mucho para el peatón y para el turista, pero los vecinos al Albayzín bajo andan cabreados porque esa medida les trae graves problemas de comunicación. No hay ningún supermercado en el barrio y ahora tienen que ir a pie hasta Plaza Nueva. Nunca llueve al gusto de todos.